jueves, 23 de octubre de 2008

El cine en los planes de enseñanza: A propósito de “La linterna mágica”

Hace unos años, mi yo más ingenuo y optimista se alegró muchísimo. Leí en la prensa que la ministra de educación anunciaba una posible inclusión seria del cine como materia de estudio en la escuela. Me gustaría guardar aquel recorte pero creo que no lo hice. Ha pasado un tiempo y el cine no sólo carece de una asignatura específica sino que lo poco que hay tiende a desaparecer, como la materia de Comunicación Audiovisual que algunos institutos imparten. En muchas ocasiones depende más del impulso y determinación de algunos profesores que valoran su importancia que, por supuesto, de la administración (hay muchas más cosas y más graves que desatiende, pero este blog trata sobre todo de cine). Indudablemente, muchos docentes emplean el cine como herramienta didáctica en sus clases. Las películas dan mucho juego en numerosas asiganaturas (historia, geografía, filosofía, literatura…). Sin embargo los chavales carecen por lo general de unas herramientas básicas, que les permitan enfrentarse críticamente al continuo bombardeo audiovisual al que son sometidos. Por no hablar de su nula información (salvo excepciones que más bien tienen que ver con el entorno familiar) sobre la historia del cine. Antes este papel lo cumplía la televisión. Muchos recibimos nuestra primera formación en este medio generalmente vilipendiado (no es el medio en sí mismo sino el uso que se le da lo que le ha llevado al desprestigio o a esa mirada negativa). Cuando la pequeña pantalla contaba con tan sólo dos canales, el cine era una parte crucial de su programación. El buen cine. Gracias a eso pudimos disfrutar de maravillosas obras del cine mudo, de ciclos dedicados a Fritz Lang o al cine japonés clásico. Y en aquella época, siendo niños y adolescentes, no nos extrañaba que existiera un cine en blanco y negro y mudo. Al contrario, disfrutábamos igualmente. En ese tiempo, un sábado cualquiera, a las 3:30 de la tarde se podía disfrutar de El maquinista de La General (The General, 1926) de Buster Keaton por televisión. ¡Una película sin color y sin diálogos! ¿Sorpresa? ¿Rechazo? De ninguna manera. Todo eso fascinaba aún más. Por otro lado, esa facilidad para ver cine de todos los tiempos hacía que nada pareciera extraño, sino que se asumiera con facilidad todo lo que desfilaba ante los ojos. Desde ese punto, un joven aficionado podía seguir formándose con la ayuda de alguna persona mayor con más conocimientos. Ahora que esta posibilidad ya no existe y que muchos jóvenes no tienen dinero para abonarse a un canal temático de cine o comprar dvds, deben ser la escuela y la universidad un baluarte imprescindible de la formación cinematográfica básica de los alumnos. Porque lo normal (y esto son mis propias experiencias) es que si les hablas de cine a los chavales, te pregunten si se trata de una película en blanco y negro o, peor aún, muda. En ese caso, automáticamente, su postura es de repudio absoluto. Seguramente, ni siquiera se han esforzado en ver un filme de semejantes características, lo que les lleva a pensar que son aburridos y sin interés para ellos. Nada más lejos de la realidad.

Con más de 100 años de existencia la importancia del cine está fuera de toda duda. Desde su aparición y su inclusión en los espectáculos de barracas de feria hasta convertirse en lo que hoy es, el cinematógrafo ha pasado por diversos y cruciales momentos. El siglo XX ha visto desarrollarse tanto la faceta artística como la industrial, pues, no hay que olvidarlo, ambas caras se encuentran reunidas en este lenguaje. Como forma de ocio es una de las más extendidas por todo el mundo. Y en la programación de las cadenas de televisión, públicas y privadas, ocupa un lugar importante. Sin embargo, ¿qué cine consumimos?, ¿qué herramientas tiene el ciudadano para juzgar si una película merece la pena o no?, ¿cómo puede discriminar entre la oferta de la cartelera?, ¿cómo puede defenderse de la invasión publicitaria de los que más dinero tienen para ello? No hay que dejar de lado ni subestimar que el cine, además de un entretenimiento, es una mirada a la realidad, una visión del mundo que puede ayudarnos a comprendernos mejor a nosotros mismos y a los demás. Hay que entender que el cine también es cultura y que de ese modo nos acerca a nuestra propia realidad pero también a la de otros lugares. Hay muchas historias, muchas miradas, pero apenas conocemos unas pocas porque el mercado está dominado por una sola industria, la norteamericana. En este sentido, es muy importante la educación del espectador para que el cine no sea solamente un producto de consumo estilo “fast-food” que una vez digerido se olvida y no aporte nada a nuestra formación como seres humanos. Una visión del cine como mero entretenimiento no es mala per se, pero permanecer anclados al crecer con sólo ese planteamiento nos puede impedir tener esa postura crítica necesaria ante el incesante goteo de imágenes que nos llegan.

La Comisión de Cultura, Juventud, Educación, Medios de Comunicación y Deporte del Parlamento Europeo estableció, en un informe de 2001 para la mejor difusión de las películas europeas en el mercado interior (informe y propuesta de resolución y enmiendas), la necesidad de la formación en materia cinematográfica. Así, la enmienda 45 pide que “los planes de estudio, sobre todo en los de la enseñanza primaria y media, presten la debida atención a la educación visual, para que los jóvenes aprendan a adoptar una actitud crítica frente a lo que les ofrecen los medios visuales y para que están más abiertos a una gran diversidad de culturas cinematográficas”. Y la enmienda 46 solicita la elaboración de “un programa para la educación en la imagen.” A fecha de hoy, en nuestro país el tiempo que se dedica a la enseñanza del cine en las escuelas es tan escaso que en muchos casos ni existe. Integrado en los temarios de otras asignaturas parece que no tiene derecho a cobrar carta de naturaleza propia como la tienen la literatura y las artes clásicas. Todo lo contrario que en Francia donde esta enseñanza empieza ya en primaria. Se trata en definitiva de algo necesario para fomentar no solo el espíritu crítico ante el audiovisual en general, sino también para dar a conocer la historia de un arte que a lo largo del siglo XX se ha hecho tan importante como la pintura, la escultura, la arquitectura o la literatura.

Por todo esto, La linterna mágica, el club de cine para niños que comenzó sus actividades de este curso el pasado sábado, se revela como una iniciativa fundamental y absolutamente necesaria. Ahí donde no llega el sistema educativo y/o los padres, entra en juego un programa como este. Enfocado a niños de educación primaria, sirve, entre otras cosas, para que adquieran una primera y esencial formación. Además, este año se ha puesto en marcha Zoom1215. Se trata también de un club de cine pero en este caso dirigido a chavales de secundaria, donde además de ver nuevas películas pueden hacer otras cosas relacionadas con el cine. Aquellos interesados en saber más, pueden entrar en los respectivos enlaces de estas magníficas ideas. Ojalá un día se incluya el cine en la formación de los adolescentes más allá de La linterna mágica o de Un día de cine, otra excelente actividad. Quizá entonces el cine llegue a valorarse como merece.

El inicio de La linterna mágica 2008-09 en Aragón Digital y El Periódico de Aragón.

4 comentarios:

Tausiet dijo...

Olé y olé.

RickiFerrara dijo...

De lo mejor que he leído en muchos días por la blogosfera, y no me mueve ningún interés en reconocerlo; tan sólo me mueve el aplauso al trabajo bien hecho.

Jesus molinero dijo...

Es primordial que la juventud de hoy en día tenga unos conocimintos mínimos de la historia del cine para saber distinguir qué cine es el apropiado para cada momento y sea una manera adecuada de evadirse de la realidad o de comprenderla.

Me ha venido a la mente aunque no venga a cuenta la propuesta que le hice a una presona hace tiempo de ir a ver cine en V.O.S.E como uste Luis Antonio suele programarlo.la respuestafue tajante:

"no,porqué así no se puede seguir una película".

Cinegoza dijo...

Gracias por vuestros comentarios.

Me alegra que os haya gustado y, sobre todo, que compartáis mi visión.

Jesús, eso que cuentas es más habitual de lo que parece. Hay gente que no está acostumbrada a ver las películas así y eso hace que se pierdan. En cualquier caso, por bueno que sea el doblaje que no siempre es así, se trata de una mutilación de la película. La versión original subtitulada debería estar más extendida incluso en la propia televisión. En fin, un tema que podría dar lugar a otro extenso post.

Saludos